viernes 7 de octubre de 2011

Uno de los nuestros



Llego a casa y escucho a bocajarro que Félix Romeo ha muerto. No puede ser, balbuceo atolondrado. Tiene 43 años. Acudo de inmediato a internet. Y sí: allí está, mirándonos desde la portada de El País. La redactora de la noticia, apresurada, se ve que le conoció bien, pues acierta en cada adjetivo y da en el clavo al subrayar su vitalidad magnífica. Me quedo clavado yo también. Como cualquiera cuando recibe un bofetón así de inesperado, cuando quien ha muerto es amigo. Como a él mismo le dije, fue su entusiasmo contagioso lo que me animó a hacer un libro de mi blog “Regreso a Dinde”. Aún conservo su acuse de recibo. En fin… perdonad esta descarga. (Pero si todo el mundo llora desde todo el mundo a un empresario, no veo por qué no iba a poder uno lamentar en un blog de amigos esta pérdida.) Adiós, Félix. Te queremos.

De: felix romeo [mailto:romeofelix@hotmail.com]
Enviado el: mié 04/08/2010 14:40
Para: BAENA DIAZ, FRANCISCO
Asunto: alegría!!!!!
querido Paco,
gran alegría la de hoy:
tu libro en el buzón!!!!!!

ha quedado precioso
y estoy muy contento!!!!

hace muy pocos días
les hablé de tu libro
en un taller que di en la Casa
Encendida... sin saber
que estaba fabricándose

me alegra mucho mucho formar
parte de sus hermosas páginas!!!!!

mil enhorabuenas y mil besazos
para ti y para tu familia!!!!!!

3 comentarios:

  1. esta también lo conoció...

    http://www.rtve.es/noticias/20111007/muerto-personas-mas-buenas-del-mundo/466837.shtml

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  2. Sirva, en fin, como homenaje póstumo desde aquí este informe de lectura, que Félix, tan bueno siempre, me agradeció:

    De: BAENA DIAZ, FRANCISCO
    Enviado: lunes, 18 de febrero de 2008 10:17
    Para: 'félix romeo'
    Asunto: breve informe de lectura
    Querido Félix:
    como te adelanté, este finD he leído tu "Amarillo". Una vez más tengo que felicitarte. Por la intensidad de tu prosa, por el estilo compacto y contundente, por esa construcción siguiendo el "principio collage" que siento tan próxima (si has echado un vistazo a mi librillo lo entenderás), por el efecto de realidad tan logrado... El final me sacudió. Hasta las últimas páginas iba siguiendo toda la historia con interés (al que no escapa la cuestión generacional: yo tenía los mismos años en las mismas fechas, muchas de las referencias contextuales eran las mismas, era fácil reconocerse [o reconocer a los amigos] en la imagen del mundo reflejada en los relatos y los comportamientos de los personajes, etc.), pero también con una relativa, y cómoda, distancia. Como con el desinterés preciso para la experiencia estética (Kant dixit). Sin embargo la revelación de la razón por la que tu amigo se mató fue como un brusco frenazo en el viaje. Se acabó de golpe el recreo de la mirada por el paisaje alrededor y un pequeño dolor en el cuello hizo que la atención se fijara en otra cosa. De repente la tristeza y el misterio del caso se resolvía con un patetismo lamentable. Y pensé: tenía que haberse callado. Tenía que haber guardado ese secreto. De repente pensé que quizá no tenía que haberse hecho ese viaje. Quizá podría haberse hecho de una forma alusiva, por medio de personajes ficticios... ¡pero con nombres y situaciones reales! Sé que es algo que ya habrás pensado un millón de veces, antes de decidirte a publicarlo. Has tardado quince años en hacerlo. Así es que estas dudas ya las habrás resuelto. Pero el lector se enfrenta sin previo aviso a ellas. Sé que, a vuestra manera, tú eras el Max Brod de la historia. Chusé mismo apuntaba en una de sus cartas esa consciencia. Sé que quemó lo que quiso antes. Pero... En fin, me hizo plantearme esas cuestiones. Y saber que tú ya lo habrías hecho. Y saber que a pesar de todo tuviste el valor de escribirlo y publicarlo, el valor de afrontar esa misión, el valor de empañar la imagen romántica cristalizada en el tópico de la "bella muerte" (esa estampa de no-sé-quién que sublimaba el suicidio con la retórica del "instante de libertad" y la imagen del largo cabello mecido por el viento) con el barro de la realidad, de lastrar para siempre la memoria de tu amigo con la evidencia de su prosaico fracaso, el saber de esa tu propia inmolación (y, ahora sí [y para el resto], de tu culpa) en favor la realidad, la jodida realidad pero la realidad... todo eso me ha hecho comprender que el frenazo final, y la tortícolis, son precisamente los que hacen que el trayecto merezca la pena.
    Salud,
    Paco B

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  3. La muerte es un asunto solitario, como decia en su título Ray Bradbury, pero qué despojados nos deja a los demás...

    Creo que le temo más a la muerte de los que quiero que a la mía propia, por esa sensación de desamparo, de falta, de no recuperación, de quedarnos solos con nuestros recuerdos.

    Me resisto a mi condición de simple bestia, pero se me aparece tanto últimamente...

    Abrazad a quien podáis!

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